miércoles, 26 de diciembre de 2012

HAZAÑA

Era el más fuerte de la familia. Esa noche, la vida lo puso a prueba y se vio obligado a demostrar sus capacidades. A mano limpia, debía eliminar el obstáculo que evitaba que sus allegados disfrutaran las cosas buenas de la vida. Durante un buen rato se contorsionó como un desesperado. Sus poderosas manos ejercían la fuerza necesaria para lograr esa misión. Sin embargo, el destino parecía oponerse a sus esfuerzos. Por su mente pasaban los más preclaros ejemplos de la pujanza humana: los doce trabajos de Hércules; las proezas de Sansón; la fortaleza de Atlas. Él no podía ser menos. Siguió luchando por un buen rato para remover el escollo. Su rostro había enrojecido y ya sudaba. Las manos le ardían pero persistió en su empeño, tenaz, decidido, heroico. En un último esfuerzo echó su resto, y profiriendo una exclamación de triunfo sólo equiparable con un grito de karate, botó el tapón de la botella de sidra.