martes, 20 de septiembre de 2011

AFUERA

Es verano y llueve. Me asomo. El cielo gris y la tierra verde se multiplican en las gotas aferradas al cristal de la ventana y en cada una de ellas también llueve. Me animo y salgo. Fríos impactos en mi cabeza pretenden devolverme la conciencia. El agua escurre por mi frente. Agachado, descubro en el suelo el reflejo de un cielo salpicado. Avanzo. De las frondas se desprenden gotas mayores que tratan de llamar la atención dejándose caer con más ruido y mojando mucho más. La madre de todas las gotas golpea con fuerza en mi coronilla, se desliza por el entrecejo, escurre por mi nariz, salta al vacío y muere absorbida en la rodilla del pantalón. Debe haberse divertido. Un charco me invita a salpicar. Acepto de inmediato y de un salto caigo con los pies juntos en su centro. ¡Guau! Yo también puedo llover. Repito el salto y me río en forma reprimida. La lluvia arrecia y ya estoy empapado. Resisto la tentación de deslizarme de panza en esos charcos. Podría mojarme demasiado. Pienso en regresar cuando escucho que me llaman. Son mis amigos desde la casa. Los llamo a señas. Dudan. Intercambian opiniones y deciden salir en la forma más silenciosa posible. Corren a través del prado cayendo y levantándose. Alguien osado organiza una competencia de natación en el pasto. Quienes no participan echan porras mientras chacualean a placer. No falta el que tímidamente se cubre la cabeza con la mano para no mojarse mientras sus ropas chorrean en catarata. Aquello era lo máximo pero no faltó quien "rajara" y el primer adulto en salir dio la alarma. El portal de la casa se llena de mamás que gritan llamando a sus críos. Algunas se animan a salir y corretean a sus hijos para llevarlos a la casa. Tropiezan y caen. Pronto sus risas se incorporan al jolgorio que se organizó bajo la lluvia. Otras mamás se añaden al borlote y aquello crece hasta alcanzar niveles de veras festivos. Todo es risas y alegría. Muy diferente al reprimido interior de la casa a causa de la lluvia. Ha sido la fiesta de cumpleaños más divertida a la que me hayan invitado. El barullo terminó poco después pero el resto del día siguió lloviendo.