martes, 20 de marzo de 2012

VIBRACIONES

La música grabada que saturaba el ambiente del pequeño bar, cedió el turno a los sincopados compases de un grupo de jazz. Los cuadros que adornaban el local parecieron animarse llevando el ritmo hasta los muros entintados por el tiempo.  Un hombre llegó y se detuvo un momento en el umbral para acostumbrar sus ojos a la escasa luz del sitio. Buscó un lugar junto a la banda y tomó asiento. Cabellos grises y largos, barba y bigote un tanto bíblicos. Un ceño muy marcado trataba de reunir dos ojos negros hundidos, penetrantes y medio ocultos por espesas cejas. Sus manos largas, huesudas, descansaron sobre la mesita con las palmas hacia abajo como si quisiera exhibirlas, mientras su pierna derecha marcaba el compás. Al terminar la melodía, dos de los miembros del grupo bajaron a saludarlo con efusión. El barman personalmente le llevó un trago hasta su mesa. Parecía un cliente habitual. Yo estaba en la barra y cuando aquél volvió le pregunté con interés quién era ese personaje que tanto disfrutaba la música de la banda. El barman me dijo que el hombre se llamaba Jack y que había sido el fundador del grupo hacía ya algunos años. Le comenté que ahora entendía por qué le gustaba sentarse tan cerca de ellos, con lo fuerte que sonaba la música. ¡Ah! señor -me contestó el hombre con un tono confidencial- Es que Jack ¡Se quedó sordo!