martes, 22 de mayo de 2012

DAN

Trato de averiguar por qué los humanos recordamos o festejamos fechas que, a nuestro juicio, resultan dignas de ser celebradas. Lo hago como un mero ejercicio de investigación informal, con objetivos no bien definidos o con procedimientos o métodos no muy idóneos, pero en fin, ese por qué es el único asidero que poseo. Una Historia sin fechas sería inconcebible. Siendo una sucesión de hechos, requiere que éstos tengan una ubicación temporal que les dé continuidad, relación causal, etc.. Esa estructura le da una solidez que no tendría si los eventos que menciona sólo vinieran los unos tras los otros, como resumen de contenidos, sin cualidades como duración, principio y fin de cada uno. Como cúmulo de conocimientos Sería más que suficiente pero resultaría imposible elaborar un cronograma a nivel universal. Los acontecimientos no se dan secuenciados. No se forman en la cola de la realidad esperando su turno. Se presentan en forma simultánea con otros más. Pero dejemos la Historia Universal. Es muy compleja, al menos para mí. Trataré de encontrar la relación entre las fechas y las celebraciones en algo más sencillo y demostrar lo inútiles que son aquéllas. Para eso se me ocurrió la siguiente narración.

     En un pueblo perdido en un pais lejano, un niño nació en un día cualquiera. Sus padres hicieron una gran fiesta para celebrar que estaba fuerte y sano. Pasado un tiempo, decidieron ponerle por nombre Dan y estuvieron de acuerdo en celebrar con alegría  el acontecimiento. Primera pregunta: ¿Cuánto tiempo había vivido Danito? Nadie tenía la respuesta. El tiempo transcurrió y Danito pronunció sus primeras palabras. Sus papás, sus tíos y los vecinos decidieron que eso había que celebrarlo e hicieron una gran fiesta. Segunda pregunta: ¿Cuánto tiempo había vivido Danito? Nadie tuvo la respuesta. Pasó bastante más tiempo y Danito mostró un oscurecimiento sobre el labio superior y una incipiente vellosidad púbica. Sus papás, sus tíos y los vecinos, que fueron llamados para atestiguar, decidieron que había que celebrar el acontecimiento y organizaron un fiestón con músicos y todo. Tercera pregunta: ¿Cuánto tiempo había vivido Danito? Nadie supo la respuesta. Danito creció más, embarneció y cayó en la cuenta de que las chicas eran diferentes e interesantes y empezó a investigarlas con dedicación. Los vecinos, que tenían hijas y un amplio criterio, hablaron con sus papás y sus tíos y juzgaron oportuno celebrar en grande esa inquietud casando a su hija mayor embarazada, con quién creen. Pues con Danito, al que excepto su madre, ya todos llamaban Dan. Cuarta pregunta: ¿Cuánto tiempo había vivido Dan? No se obtuvo respuesta. El tiempo pasó y un buen día Dan se convirtió en papá de un hombrecito. Los abuelos del crío, los tíos de Dan, los suegros de Dan, que seguían siendo vecinos, y el mismo Dan, decidieron que eso había que celebrarlo y tiraron la casa por la ventana en un fiestón que hubiera pasado a los anales del pueblo si los hubiera habido. Quinta pregunta: ¿Cuánto tiempo había vivido Dan? No hubo contestación. Poco después, las presiones familiares y sociales obligaron a Dan a ponerle nombre a su vástago. Tras largas cavilaciones, discusiones familiares y opiniones varias, Dan decidió llamarlo Dan. Después de todo, su padre, su abuelo y su bisabuelo se habían llamado así. Todos a una opinaron que tan juiciosa decisión tenía que ser celebrada y la fiesta se recuerda por lo rumbosa que fue. Sexta pregunta: ¿Cuánto tiempo había vivido Dan? Cero respuestas.
     Para ser breve, Dan tuvo otros tres hijos a lo largo de su vida y desde luego que se multiplicaron las celebraciones. Las preguntas sobre cuánto tiempo había vivido Dan llegaron a ser tantas que se perdió la cuenta. Dan llegó a la ancianidad sano y fuerte, con nietos y biznietos, todos con las consabidas celebraciones en ciertos momentos de su vida. Cuando Dan murió, se celebró un funeral multitudinario para festejar la culminación de su exitosa vida. La pregunta de siempre quedó en el aire: ¿Cuánto tiempo había vivido Dan? ¿Ochenta? ¿Noventa? ¿Cien años? Nadie lo sabía. Nadie recordaba que Dan hubiera celebrado algún cumpleaños ni de él ni de alguno de sus descendientes. Es más, la noción de aniversario les era desconocida. Todos los jolgorios habían sido únicos, por razones únicas que nunca habían faltado. Siempre había razones nuevas en un presente perpetuo. ¿Cumpleaños? ¿Aniversarios? ¡A quién chingaos le importan!