
Cuando llegué a la casa una tarde de viernes, mi esposa me recibió con una mirada de cañón (de dos cañones más bien), y sin decir palabra me entregó ésta:
Querido mío:
He pensado muy bien en tu propuesta y estoy dispuesta a aceptar las condiciones que me pusiste para continuar nuestra relación. Espero que la tonta de tu esposa no se entere. Será como tú quieres. Una vez por semana los viernes, como siempre con el pretexto del boliche (me gustan tus chuzas) y espero que subas tu puntuación.
Tuya siempre,
Virginia.
Como me tomó por sorpresa sólo pude decir - ¿Y? Esto no es para mí, obviamente se trata de un error, déjame ver el sobre ¡Ah! Y no conozco a ninguna Virginia ni juego boliche... A ver... No, pues sí está bien la dirección pero insisto, debe ser un error. - Mi esposa bajó de su atalaya y me dijo que estaba bien, que ella no me creía capaz de algo así y, como si nada hubiera sucedido rompió la carta, me dio un beso y me dijo que me diera un baño porque teníamos reunión en casa de Paco, el vecino.
Llegamos a casa de Paco como a las nueve y nos recibió Irene, su esposa, muy amable como siempre. Ya estaban ahí otros amigos y la chorcha se puso muy agradable. Como a las nueve y media llegó Paco fatigado y arrastrando el saco. - ¿Cómo te fue? - le preguntó Irene - ¡Muy bien! - le contestó Paco - ¡Siete chuzas seguidas no se hacen todos los días!