martes, 1 de enero de 2013

LA ESCONDIDA

Esa noche salió del almacén caminando con ella en sus brazos hasta el estacionamiento y la subió al coche. Era muy bonita. Rápidamente partió de ahí. El vehículo circuló por las calles iluminadas hasta los suburbios. Llegó a una casa, se detuvo y la llevó cargando nuevamente hasta la puerta. Alguien le abrió y él entró con ella en sus brazos. Momentos después salió solo, subió al auto y recorrió escasos veinte metros en la misma calle. Se detuvo frente a su casa, bajó del vehículo, abrió la puerta y entró.
     -¡Ya vine!
     -Qué bueno, mi amor. ¿Algún problema?
     -Pues no, pero ya sabes que no falta. En estos días el tránsito está muy denso.
     -Y qué pasó ¿ya la llevaste?
     -¡Claro! La dejé en casa de Luis. Espero que no le cause problemas.
     -No te preocupes. Nuestro amigo es un solterón y me dijo que le encantaría tenerla con él por unos días.
     -Bueno, mientras no quiera subirse...
     -No creo. ¡No me lo imagino!
     -Yo sí. Luis mide como uno ochenta y se vería muy cómico. Le agradezco que haya aceptado tenerla en su casa hasta el Día de Reyes. Es una bicicleta pequeña pero no tenemos dónde esconderla hasta entonces.