Esa noche salió del almacén caminando con ella en sus brazos hasta el estacionamiento y la subió al coche. Era muy bonita. Rápidamente partió de ahí. El vehículo circuló por las calles iluminadas hasta los suburbios. Llegó a una casa, se detuvo y la llevó cargando nuevamente hasta la puerta. Alguien le abrió y él entró con ella en sus brazos. Momentos después salió solo, subió al auto y recorrió escasos veinte metros en la misma calle. Se detuvo frente a su casa, bajó del vehículo, abrió la puerta y entró.
-¡Ya vine!
-Qué bueno, mi amor. ¿Algún problema?
-Pues no, pero ya sabes que no falta. En estos días el tránsito está muy denso.
-Y qué pasó ¿ya la llevaste?
-¡Claro! La dejé en casa de Luis. Espero que no le cause problemas.
-No te preocupes. Nuestro amigo es un solterón y me dijo que le encantaría tenerla con él por unos días.
-Bueno, mientras no quiera subirse...
-No creo. ¡No me lo imagino!
-Yo sí. Luis mide como uno ochenta y se vería muy cómico. Le agradezco que haya aceptado tenerla en su casa hasta el Día de Reyes. Es una bicicleta pequeña pero no tenemos dónde esconderla hasta entonces.
