Necesito billones de ladrillos
de barro amasado con eternidad,
con luz y con tinieblas,
con ira, con perdón
y un poco de impaciencia.
Los iré apilando
uno por uno.
Los pegaré con argamasa
de esperanza y sangre
y acabaré cubriéndolos
de espíritu.
Será una obra colosal,
inmensa, indescriptible.
En ella dejaré todas mis vidas,
mi esencia, mi total
y las huellas de mis manos.
Y crecerá y seguirá creciendo
hasta que en la curva final
del Universo, se encuentre
la azotea con los cimientos.
Entonces sabré
que acabo de empezar.
