martes, 29 de mayo de 2012

LAS LUNAS DE BREÓN

Los terribles Gromleks le perseguían a corta distancia. Casi podía ver el brillo demoníaco de sus ojos a la luz de las  lunas de Breón. Siguió trepando el risco y calculó que aún le faltaba un buen trecho para llegar a la meseta. Si lograba ancanzarla le sería posible poner distancia de por medio entre él y sus perseguidores. Sus piernas largas le darían una ventaja considerable en terreno llano, donde con un buen tranco podría dejarlos con tres palmos de narices. El peso en el morral le indicaba que conservaba con él su valiosa conquista pero era un lastre que le consumía gran parte de sus energías. Llegó donde las rocas eran menos verticales y finalmente se extendía la llanura. Fue ahi donde una flecha lo alcanzó. Herido, avanzó largo rato tratando de conservar el paso hasta que agotado, cayó al suelo. Se incorporó con gran dificultad y trató de ver si lo seguían. No vio a nadie. Los reflejos de sus corazas hubieran delatado su presencia. Descansaría un poco. Quizá hasta dormiría.
    Un ruido lo sobresaltó cuando dormitaba. Despertó sin saber de momento dónde se encontraba. Vio el morral y recordó todo. Trató de incorporarse mas no pudo. El dolor de la herida se agudizó y se le nubló la vista. Alcanzó a distinguir unas siluetas que se aproximaban y un instante después falleció.

    Tres debos atrás, la aldea Harussi había sufrido el ataque de los Gromleks y no pudieron hacer nada para defenderse de sus armas de metal. En aquellas primeras incursiones, las flechas de los aldeanos, con puntas de sílex, se rompían en sus corazas sin hacerles daño. Desde entonces, llegaban sin aviso y no hacían carnicería por la conveniencia de tener vasallos que cultivaran la tierra. Robaban sus cosechas dejándoles apenas para subsistir. Más valía no herir a alguno de los Gromleks porque éstos tomaban rehenes, se los llevaban y no se les volvía a ver. Desde entonces, los Harussi ya no se defendían y pagaban mansamente el tributo demandado, tanto en granos como en esclavos.
    Los Gromleks vivían en el fondo de un enorme cráter cuyos empinados bordes servían como muralla natural. Arriesgadas incursiones de los Harussi habían logrado ver en el interior del cráter los fuegos de los Gromleks, encendidos día y noche.  Fue una de esas noches, cuando el esclavo malherido que acababa de escapar, fue hallado por los expedicionarios de Harussi. Herido de muerte, le encontraron un envoltorio de piel que los exploradores llevaron a la aldea. Ahí, reunidos en consejo, desataron el paquete. Contenía una daga y una piedra, ambos de color gris. En la piel del envoltorio estaba grabado con figuras un proceso de fabricación. Saltaba a la vista que tanto la daga como la piedra eran del mismo material. El consejo de la aldea decidió que diariamente saliera un grupo de exploradores al anochecer, fuera hasta los bordes del cráter y a la luz de las lunas recogiera una buena cantidad de esas extrañas piedras y las llevara hasta la aldea. Alrededor del cráter habia ingentes cantidades de ellas. En la aldea, los artesanos se devanaban los sesos tratando de interpretar los grabados en la piel y hacían pruebas y pruebas hasta que un buen día lograron fundir aquellas piedras y moldearon puntas de lanza, espadas cortas y puntas de flecha.
    Llegó la temporada de cosecha y los rebosantes graneros de Harussi premiaban sus esfuerzos. Alguien dio la voz de alarma. Las mujeres y los niños corrieron a ocultarse dentro de sus casas y un puñado de ancianos salió a la explanada central de la aldea. Un contingente de unos veinte Gromleks se aproximaba fuertemente armado. Venían a cobrar el tributo. Al llegar a la explanada el mayor de los ancianos les marcó el alto. Se detuvieron expectantes y desconcertados. El anciano alzó la voz y les dijo que lo único que encontrarían en Harussi sería la muerte si no se retiraban. Al escuchar esto, los Gromleks arremetieron contra el grupo de ancianos. No habían dado ni dos pasos cuando una andanada de flechas cayó sobre ellos. Las corazas fueron perforadas y muchos cayeron muertos o heridos. Una cantidad de lanzas dió en tierra con otros más. Finalmente los restantes fueron masacrados con la espada. No quedó uno solo vivo. Harussi, allá en Breón el de las dos lunas, había entrado en la Edad del Hierro.

martes, 22 de mayo de 2012

DAN

Trato de averiguar por qué los humanos recordamos o festejamos fechas que, a nuestro juicio, resultan dignas de ser celebradas. Lo hago como un mero ejercicio de investigación informal, con objetivos no bien definidos o con procedimientos o métodos no muy idóneos, pero en fin, ese por qué es el único asidero que poseo. Una Historia sin fechas sería inconcebible. Siendo una sucesión de hechos, requiere que éstos tengan una ubicación temporal que les dé continuidad, relación causal, etc.. Esa estructura le da una solidez que no tendría si los eventos que menciona sólo vinieran los unos tras los otros, como resumen de contenidos, sin cualidades como duración, principio y fin de cada uno. Como cúmulo de conocimientos Sería más que suficiente pero resultaría imposible elaborar un cronograma a nivel universal. Los acontecimientos no se dan secuenciados. No se forman en la cola de la realidad esperando su turno. Se presentan en forma simultánea con otros más. Pero dejemos la Historia Universal. Es muy compleja, al menos para mí. Trataré de encontrar la relación entre las fechas y las celebraciones en algo más sencillo y demostrar lo inútiles que son aquéllas. Para eso se me ocurrió la siguiente narración.

     En un pueblo perdido en un pais lejano, un niño nació en un día cualquiera. Sus padres hicieron una gran fiesta para celebrar que estaba fuerte y sano. Pasado un tiempo, decidieron ponerle por nombre Dan y estuvieron de acuerdo en celebrar con alegría  el acontecimiento. Primera pregunta: ¿Cuánto tiempo había vivido Danito? Nadie tenía la respuesta. El tiempo transcurrió y Danito pronunció sus primeras palabras. Sus papás, sus tíos y los vecinos decidieron que eso había que celebrarlo e hicieron una gran fiesta. Segunda pregunta: ¿Cuánto tiempo había vivido Danito? Nadie tuvo la respuesta. Pasó bastante más tiempo y Danito mostró un oscurecimiento sobre el labio superior y una incipiente vellosidad púbica. Sus papás, sus tíos y los vecinos, que fueron llamados para atestiguar, decidieron que había que celebrar el acontecimiento y organizaron un fiestón con músicos y todo. Tercera pregunta: ¿Cuánto tiempo había vivido Danito? Nadie supo la respuesta. Danito creció más, embarneció y cayó en la cuenta de que las chicas eran diferentes e interesantes y empezó a investigarlas con dedicación. Los vecinos, que tenían hijas y un amplio criterio, hablaron con sus papás y sus tíos y juzgaron oportuno celebrar en grande esa inquietud casando a su hija mayor embarazada, con quién creen. Pues con Danito, al que excepto su madre, ya todos llamaban Dan. Cuarta pregunta: ¿Cuánto tiempo había vivido Dan? No se obtuvo respuesta. El tiempo pasó y un buen día Dan se convirtió en papá de un hombrecito. Los abuelos del crío, los tíos de Dan, los suegros de Dan, que seguían siendo vecinos, y el mismo Dan, decidieron que eso había que celebrarlo y tiraron la casa por la ventana en un fiestón que hubiera pasado a los anales del pueblo si los hubiera habido. Quinta pregunta: ¿Cuánto tiempo había vivido Dan? No hubo contestación. Poco después, las presiones familiares y sociales obligaron a Dan a ponerle nombre a su vástago. Tras largas cavilaciones, discusiones familiares y opiniones varias, Dan decidió llamarlo Dan. Después de todo, su padre, su abuelo y su bisabuelo se habían llamado así. Todos a una opinaron que tan juiciosa decisión tenía que ser celebrada y la fiesta se recuerda por lo rumbosa que fue. Sexta pregunta: ¿Cuánto tiempo había vivido Dan? Cero respuestas.
     Para ser breve, Dan tuvo otros tres hijos a lo largo de su vida y desde luego que se multiplicaron las celebraciones. Las preguntas sobre cuánto tiempo había vivido Dan llegaron a ser tantas que se perdió la cuenta. Dan llegó a la ancianidad sano y fuerte, con nietos y biznietos, todos con las consabidas celebraciones en ciertos momentos de su vida. Cuando Dan murió, se celebró un funeral multitudinario para festejar la culminación de su exitosa vida. La pregunta de siempre quedó en el aire: ¿Cuánto tiempo había vivido Dan? ¿Ochenta? ¿Noventa? ¿Cien años? Nadie lo sabía. Nadie recordaba que Dan hubiera celebrado algún cumpleaños ni de él ni de alguno de sus descendientes. Es más, la noción de aniversario les era desconocida. Todos los jolgorios habían sido únicos, por razones únicas que nunca habían faltado. Siempre había razones nuevas en un presente perpetuo. ¿Cumpleaños? ¿Aniversarios? ¡A quién chingaos le importan!

martes, 15 de mayo de 2012

SOPHIE

     -Escucha Bernard. Hoy viene Sophie a visitarnos. Sabes muy bien que ella es muy callada y que cuando viene a vernos aprovecha para desahogarse y contarnos sus problemas. Tal vez para ti no sean de gran importancia, pero para ella sí lo son. Déjala hablar y procura no interrumpirla porque no sé cómo lo tomaría. ¡Es tan sensible! Demuestra tus buenos modales y no opines nada. Después de que ella se haya ido, tú y yo hablaremos al respecto y veremos qué podemos hacer para ayudarla. Sigue siendo nuestra hija menor. ¿Estás de acuerdo?
     -Mhjm.
     -Muy bien. Espero que ahora nos traiga buenas noticias. Ojalá haya conseguido el trabajo que tanto deseaba y me muero de ganas por saber qué pasó con Gérard. Ese muchacho... Ese hombre parece reunir los requisitos que ella ha deseado siempre para un buen esposo. ¡Ella es tan exigente! ¿No lo crees?
     -Oui.
     -Sophie ya no es una jovencita, tiene cuarenta años y si bien ha tenido muchos pretendientes, ninguno ha llenado sus pupilas. ¿Recuerdas a Thierry? No sé por qué no quiso embarazarse de Thierry. ¡Oh la la! ¡Qué muchacho! Era un muñeco. Lástima que ya era casado. O a monsieur Morlay, el viudo rico que la persiguió hasta el cansancio. Y a... espera. La veo venir. Como siempre, nos trae un ramo de flores. Aquí llega. No olvides lo que te dije ¿Eh?
     -Mhjm.
     -¡Hola mamá! ¡Hola papá! Aquí estoy como de costumbre y les tengo dos buenas noticias. La primera es: ¡Conseguí el trabajo! Es una buena empresa donde podré tener un desarrollo. La segunda es que ¡Me voy a casar con Gérard! Ayer me lo pidió y no lo pensé dos veces. Creo que ya es tiempo. ¡Nos casaremos el mes próximo! ¿Qué les parece? He venido a agradecerles su apoyo, comprensión y aliento. Ustedes son lo único que he tenido estos últimos años. Vivir sola es difícil pero lo he superado y me siento más fuerte y capaz que antes. Más madura, aunque me cuesta decirlo. Seguiré viniendo a verlos como de costumbre. Quiero que conozcan a Gérard. Estoy segura de que les va a gustar. También quiero que sepan que me da mucho gusto venir a visitarlos y que siempre los tengo presentes. Bueno, me retiro porque tengo mucho qué hacer. Nos veremos pronto. ¡Au revoir!

     Sophie salió. Al llegar a la calle volteó para mirar la fachada. Una ves más leyó en el frontispicio: "Heures qui mort dans le Seigneur.*

*"Bienaventurados los que mueren en el Señor".

martes, 8 de mayo de 2012

DESTELLO

Al disiparse la nube de humo blanquecino, el laboratorio quedó inmerso en la penumbra. El profesor Nagaskin se quitó los anteojos de seguridad y se dirigió al gabinete de relevadores donde restauró la energía eléctrica. Después de algunas diferencias con sus vecinos, había protegido sus sistemas contra los tremendos picos de corriente que producían sus experimentos. Su barrio se había quedado a oscuras varias veces. El laboratorio se iluminó y el humo había desaparecido, no así un tufillo que se quedaba pegado en la nariz y penetraba los pulmones. El profesor se acercó lentamente a la pequeña plataforma aislada entre los electrodos. Ahí había algo inmóvil. Parecía un pequeño mono hecho un ovillo. Con precaución, el profesor se animó a tocar aquella bola de pelo con el índice de su mano derecha enguantada pero nada sucedió. La tocó de nuevo con fuerza suficiente como para moverla y nada. Por tercera vez acercó su mano y un centímetro antes de tocarla, aquella cosa se puso de pie como un relámpago y emitió un sonoro grito totalmente desproporcionado a su tamaño.
    -¡¡Ya!!
    El profesor retrocedió asustado. Aquel hombrecito peludo irguió en la plataforma toda su estatura de cuarenta centímetros y empezó a hablar. Su voz era cavernosa y profunda. Imponente y autoritaria.
    -No sólo me has traído aquí contra mi voluntad sino que además, de la manera más agresiva. ¡Con electricidad! -dijo señalando las bobinas a los lados- ¿No tuviste una mejor idea? ¡Soy alérgico a los toques!
    -Pe...perdón -balbuceó el profesor- la electricidad es mi mejor recurso. Mejor dicho, mi único recurso.
    -¡Debí imaginarlo! ¡Qué se puede esperar de un aficionado a los electrones en el siglo... en el siglo...
    -Veintiuno -repuso el profesor tímidamente.
    -¡Con razón! ¿Qué se puede esperar de una época en donde todo está por descubrirse? ¿Por qué a mí? ¿Por qué yo? ¿Por qué con éste...?
    -Soy el profesor Arquímedes Nagaskin -adelantó con un hilo de voz.
    -Profesor. ¡Profesor mis Quarks! -masculló el hombrecito.- Sabe más un practicante de nivel cuántico elemental.
    -¿Puedo hacerte una pregunta? -Interrumpió el profesor.
    -¡Ya te habías tardado! ¡Parece que los humanos no saben hacer otra cosa!
    -Pues...sí, somos muy preguntones, pero es así como hemos...
    -¡Basta! Esa ya me la sé. ¿Qué quieres saber?
    -Eh... ¿Cómo debo llamarlo?
    -¡Ah! ¡Lógica elemental! Lo primero va primero. Si no me llamo o me llaman ¡No existo! ¿Verdad?
    -Bueno, no exactamente pero...
    -No exactamente. No exactamente. -Exclamó burlón el hombrecito.- Está bien. Te contestaré con otra pregunta. ¿Quién crees que soy? O más fácil ¿Qué crees que soy?
    -Mh... Pues...
    ¡No! -lo interrumpió el pequeño ser- ¡Ni lo menciones! Ya estoy hasta aquí -dijo trazando una línea imaginaria sobre su frente- de su mentalidad localista. No saben otra. Como buenos terrícolas, todo aquello que no saben identificar ¡Es extraterrestre! Qué, ¿Nunca se han considerado como entidades universales? ¿Por qué siempre salen con su pertenencia tercermundista?
    -¡¡¿¿...??!!
    -¡Sí! Este planeta es el tercero en su pequeño sistema planetario, creo que la llaman Tierra ¿No?
    -Así es, lo llamamos La Tierra -asintió el profesor.
    -¡Ajá! Y seguramente lo quieren mucho y lo cuidan ¿No?
    -¡Por supuesto! -respondió convencido el profesor.
    -¡Sí, cómo no! Como si yo no supiera... Pero bueno, lo que quería decirte es que ya deberían tener una conciencia cósmica y sentir que forman parte de todo el Universo. Pero no se puede esperar más de una especie que no puede ponerse de acuerdo ni siquiera para salvarse a sí misma. No saben cómo administrar su generoso planeta y quieren encontrar otros en el resto del Cosmos para explotarlos inmisericordemente. Conque, volviendo al tema, ¿Qué soy? -el hombrecito peludo guardó silencio y se relajó un poco pero clavó inquisitivo la mirada de sus ojos redondos en las pupilas del profesor. Éste recuperó la compostura y le dijo alzando la voz.
    -¡Ya basta! ¡Es suficiente! Te voy a decir qué eres. No me asustan tus aires de suficiencia aunque reconozco que tienes razón en lo que dices -asintió enfático el profesor y añadió- Eres una proyección de mi propia mente y déjame decirte que no has dicho nada nuevo. Lo hemos sabido desde siempre. Está escrito en nuestros genes, en cada átomo de nuestro ser. Sólo que deseamos autodescubrirnos y sorprendernos de lo que podemos ser día tras día. Es nuestra única razón de ser o por lo menos la más importante. Estamos seguros de que como especie, algún día estaremos conscientes de nuestra esencia y de nuestro papel en el Universo y en éste que llamas el tercer mundo de nuestro pequeño sistema. Somos parte de él. Somos él.
    La mano derecha del profesor se dirigió con rápido movimiento hasta el interruptor y cerró el circuito. Un brillante destello envolvió al hombrecillo y desapareció de la plataforma. El laboratorio quedó a oscuras. Media hora después, los técnicos de la compañía de luz restablecían el servicio en la zona que había quedado en tinieblas debido a una sobrecarga inexplicable.

martes, 1 de mayo de 2012

¿A DÓNDE?

Levanté la vista del libro y lo vi. Se acercaba decidido, con mucho ánimo y buen paso. En su semblante pude ver la convicción, la seguridad y la claridad de miras. Iba solo. Pasó por delante de mí sin mirarme y siguió su camino al mismo paso. Llegó a la esquina y se detuvo antes de cruzar la calle y la atravesó cuando cambió la luz en el semáforo. Lo seguí con la mirada hasta que ya no pude verlo. ¿A dónde irá? Me pregunté. No es un joven pero se le ve saludable. Sería interesante seguirlo y averiguar a dónde se dirige y descubrir cuáles son sus actividades y sus relaciones. En dónde vive y con quién. Qué come y que hace con su tiempo. Me sentí de pronto como uno de esos paparazzi que acosan a los famosos y deseché la idea, pero ésta regresó con otras ropas. Podría realizar un cortometraje. Seguirlo y grabar todo lo que hiciera. Cualquiera se sentiría molesto si descubre que es filmado sin su consentimiento pero... Al día siguiente llevé mi cámara de video y me senté en la misma banca. Hice algunas pruebas pero me resultó imposible pasar inadvertido. Decidí utilizar un teleobjetivo para grabar a una distancia mayor sin ser descubierto. No bien encontré un lugar disimulado para grabar cuando apareció caminando por la esquina. Lo reconocí de inmediato y comencé a grabarlo. ¡Qué suerte! -me dije- ¡Es el mismo de ayer! ¡Todo un personaje! Parece tener hábitos muy definidos. La misma hora, la misma calle, tal vez el mismo recorrido. Lo seguí calle tras calle y tuve que correr varias veces para hacerle tomas por delante y de perfil. Si acaso me vio no le importó. El siguió en lo suyo. Al llegar a una bocacalle dio la vuelta y casi logró darme el esquinazo. Corrí y crucé a la acera de enfrente para reanudar mis tomas. Fue cuando lo vi entrar a un edificio de departamentos donde finalmente lo perdí pues no lo hallé en ninguno de los cuatro pisos del inmueble. Me fui a casa y me puse a editar las imágenes. Bastante buenas, pero sentí que me faltaba mucho. Tenía que averiguar de dónde venía y luego descubrir a qué departamento llegaba. Hacer las tomas iniciales requeriría de varios días de investigación avanzando calle por calle hasta averiguar de dónde salía. Saber a dónde llegaba dependería de un poco de descaro de mi parte. Lo esperaría dentro del edificio de departamentos y vería en cuál de ellos se metía. Si como parecía, era un individuo de hábitos, sólo era cuestión de tiempo.
    Pasaron dos semanas y mis pesquisas tuvieron el éxito deseado. Salía de una casa particular donde una señora madura lo despedía a eso de las diez de la mañana y empezaba su recorrido cruzando muchas calles hasta el edificio de departamentos. Subía las escaleras hasta el cuarto piso y tocaba en la puerta del 46. Ahí le abrían y entraba como si tal cosa. Ahora me encontraba con una disyuntiva. ¿En cuál casa preguntaría y con qué pretexto? Me decidí por el departamento. Como ya estaba ahí, cobré ánimo y toqué la puerta. Abrió una joven que se sorprendió de ver a un tipo grabándola al salir. La saludé sin dejar de grabar y ella, desconcertada, contestó mi saludo. Hice un corte, bajé la cámara, me presenté y lo más concreto que pude le expliqué la causa de mi visita. Amablemente me hizo pasar. Le conté más detalles sobre mi proyecto y ella me relató la historia que sustentaba mis imágenes. Se había casado hacía unos meses y la pareja había rentado el departamento de inmediato. Más o menos al mes de haberse mudado, mientras su esposo estaba trabajando, escuchó ruidos en la puerta. Salió y se encontró con la sorpresa de que su perro, que vivía en casa de su madre, estaba ahí sentado mirándola de hito en hito. Le dio mucho gusto verlo y lo hizo pasar. Después le dio algo de comer y por la tarde el perro rasguñaba la puerta queriendo salir. Ella le abrió y el animal se fue. Así había sido todos los días desde entonces. El animalito recorría un buen número de calles para compartir su afecto con la madre y la hija cada día de la semana. Cuando esto sucedía, el Duque tenía ocho años de edad.