Tuve la suerte de verlo anoche, en el final de su largo viaje. No puedo decir que se precipitó al vacío porque de ahí venía. Inconsciente de su velocidad se acercó demasiado. En su vertiginosa caída tuvo un momento de gloria, de brillo tan intenso como efímero. Jamás llegó. En el último milisegundo recordó su origen, convertido en un meteórico rasgo de luz.
