-Escucha Bernard. Hoy viene Sophie a visitarnos. Sabes muy bien que ella es muy callada y que cuando viene a vernos aprovecha para desahogarse y contarnos sus problemas. Tal vez para ti no sean de gran importancia, pero para ella sí lo son. Déjala hablar y procura no interrumpirla porque no sé cómo lo tomaría. ¡Es tan sensible! Demuestra tus buenos modales y no opines nada. Después de que ella se haya ido, tú y yo hablaremos al respecto y veremos qué podemos hacer para ayudarla. Sigue siendo nuestra hija menor. ¿Estás de acuerdo?
-Mhjm.
-Muy bien. Espero que ahora nos traiga buenas noticias. Ojalá haya conseguido el trabajo que tanto deseaba y me muero de ganas por saber qué pasó con Gérard. Ese muchacho... Ese hombre parece reunir los requisitos que ella ha deseado siempre para un buen esposo. ¡Ella es tan exigente! ¿No lo crees?
-Oui.
-Sophie ya no es una jovencita, tiene cuarenta años y si bien ha tenido muchos pretendientes, ninguno ha llenado sus pupilas. ¿Recuerdas a Thierry? No sé por qué no quiso embarazarse de Thierry. ¡Oh la la! ¡Qué muchacho! Era un muñeco. Lástima que ya era casado. O a monsieur Morlay, el viudo rico que la persiguió hasta el cansancio. Y a... espera. La veo venir. Como siempre, nos trae un ramo de flores. Aquí llega. No olvides lo que te dije ¿Eh?
-Mhjm.
-¡Hola mamá! ¡Hola papá! Aquí estoy como de costumbre y les tengo dos buenas noticias. La primera es: ¡Conseguí el trabajo! Es una buena empresa donde podré tener un desarrollo. La segunda es que ¡Me voy a casar con Gérard! Ayer me lo pidió y no lo pensé dos veces. Creo que ya es tiempo. ¡Nos casaremos el mes próximo! ¿Qué les parece? He venido a agradecerles su apoyo, comprensión y aliento. Ustedes son lo único que he tenido estos últimos años. Vivir sola es difícil pero lo he superado y me siento más fuerte y capaz que antes. Más madura, aunque me cuesta decirlo. Seguiré viniendo a verlos como de costumbre. Quiero que conozcan a Gérard. Estoy segura de que les va a gustar. También quiero que sepan que me da mucho gusto venir a visitarlos y que siempre los tengo presentes. Bueno, me retiro porque tengo mucho qué hacer. Nos veremos pronto. ¡Au revoir!
Sophie salió. Al llegar a la calle volteó para mirar la fachada. Una ves más leyó en el frontispicio: "Heures qui mort dans le Seigneur.*
*"Bienaventurados los que mueren en el Señor".
