martes, 17 de abril de 2012

ESCALERA

¿Dónde se encuentra la cordura? Me pregunto con frecuencia al observar que lo contrario se encuentra en todas partes.
    Hoy casi me caigo de la risa. Les cuento. Esta mañana regresábamos mi esposa y yo de nuestra caminata, cuando vimos asomar por una reja el extremo de una escalera. Luego, al aproximarnos, vimos al que la llevaba al hombro.  Vestía una mezcla de pantalón bombacho, sombrero de fieltro bastante raído, cinturón de electricista y zapatos tenis casi negros o muy sucios. En la cara escondida tras barba y bigote descuidados, los ojos eran apenas perceptibles a través de las rendijas que dejaban los párpados. -Pensé que Diego Velázquez lo hubiera escogido sin dudar para modelo de un profeta-. El hombre dio un paso adelante y la escalera topó con la reja rebotando hacia atrás. El conjunto escalera-hombre-cinturón-sombrero se cimbró y osciló en sorprendente equilibrio. Reanudó su andar y al salir golpeó de nuevo la reja con la parte de atrás de la escalera. Un efecto de giro resultó de ello y aquel hombre tambaleante emprendió un vaivén de brújula perdida que de forma increíble no fue suficiente para derribarlo. Nos detuvimos para no interferir en la maniobra y nos convertimos en espectadores. Poco a poco logró estabilizarse y echó a andar por la banqueta. No había dado ni cuatro pasos cuando el cinturón de electricista se le deslizó hasta el suelo y se le enredó en los pies. Estuvo a punto de caer. Se detuvo y con una mano logró subirse el cinturón. En eso, otro individuo salió tras él y cerró la reja. Llevaba en la mano derecha un machete y en la izquierda un hatillo de herramientas. Picado por la curiosidad, le pregunté a este último si su compañero estaba en sus cabales. Me miró y con una sonrisa chimuela me contestó:
    -He, he, he. Iempge anda agí. Tooos díag. Eg que agí eg él. ¡Eg mi gefe!
    Tuvimos que esperar a que se alejaran un poco para desahogar la risa. Parece que el requisito para tener esa chamba es nunca soltar la escalera.