Moisés no tuvo la culpa. Seguro que fue Yahvé el que dijo que tenían que ser diez, y de ahí para acá, siempre que alguien quiere establecer una serie de disposiciones, cuando las cuenta le suman diez. Hay decálogos para todo. Vizinczey no fue la excepción y por encargo se metió en el mismo molde: "Los diez mandamientos de un escritor".
Por supuesto que no voy a recitar los diez. Sería cruel. Sólo comentaré los que me han gustado:
El 4° dice: No serás vanidoso.
Desde mi punto de vista, cuando se está en los peldaños iniciales del desarrollo literario, lo que menos se tiene es vanidad. Cualquiera puede escribir mejor que yo.
El 5° dice: No serás modesto.
¿En qué quedamos? La modestia sólo puede existir donde hay de qué ser modesto. En mi caso no hay ambición. Sólo un tranquilo deseo de decente comunicación. Así, según Vizinczey, soy chapucero, perezoso y complaciente. Será porque no pretendo ser escritor. Tan sólo escribo.
El 9° dice: Escribirás para complacerte a ti mismo.
Estoy totalmente de acuerdo. Escribir es quizá la actividad que más disfruto y leerme, el mayor de mis placeres... a veces.
El 10° dice: Serás difícil de complacer.
Éste me parece bueno. Mi gusto es exigente, pero no demasiado. Les dejo a los profesionales ese anhelo de perfección. Si me gusta lo que he escrito, para mí es más que suficiente, pero exijo lo mejor de los profesionales. Si no ¿de dónde voy a aprender?
