martes, 26 de marzo de 2013

LA CASONA

    -Te digo que lo vi, Juan. ¡Si no estoy loco!
    -Si no dudo de tu cordura. Dudo de su existencia.
    -No puedo probar que existe -añadió Luis desanimado- no tengo evidencia.
    -Es obvio.
    -Es que para ti es muy fácil decir que no existe porque no lo has visto.
    -Mira. -condescendió Juan- Te propongo algo. ¿Qué te parece si mañana por la noche vamos los dos a la casona?
    -¿No te da miedo? -en la cara de Luis se dibujó una sonrisa maliciosa.
    -¡Por supuesto que no! No puedo temer a algo que es irreal, que sólo está en tu imaginación.
    -Bueno, sí tengo mucha imaginación pero...
    -¡Sin peros! Nos veremos aquí en mi casa. ¿Te parece bien a las once?
    -¡Hecho!
    -Bien. De aquí nos iremos en mi coche.

    En un antiguo barrio de la ciudad, la vieja mansión de los años treinta, abandonada y ruinosa, mostraba todavía residuos de sus años mozos. Contra lo que podría suponerse, no había sido convertida en refugio de vagabundos o malvivientes. Sus puertas sin cerrojos daban paso franco al que quisiera entrar.

    Al llegar, estacionaron el auto frente a  la casa. Abrieron la reja y entraron. Juan llevaba en la mano una pequeña linterna. En el interior, la oscuridad era casi total.
    -Camina con cuidado Luis -advirtió Juan- no vayas a tropezar con algo.
    -Está bien. Tendré cuidado. ¿Dónde dices que se ve eso?
    -Es en el sótano. Hay que bajar unas escaleras que están por allá. -dijo mientras iluminaba un hueco en un rincón.
    Los amigos bajaron. El olor a humedad se mezcló poco después con un ligero tufo eléctrico, como de cable quemado. Penetraron en las tinieblas del sótano. En un costado del mismo, se veía el marco de una puerta desaparecida.
    -¡Es ahí, mira! ¡Es ahí! -exclamó Luis- Apaga la linterna.
    Poco a poco, sus ojos se fueron acostumbrando a la oscuridad y pasado un momento empezaron a ver cómo el marco de aquella puerta emitía un suave fulgor.
    -¿Lo ves? ¿Lo ves?
    -Sí, lo veo. Es... extraño. Entremos.

    Tres días después, la policía encontró el auto de Juan frente a la casona y los buscaron por todas partes. De los dos amigos, nadie volvió a saber nada.