miércoles, 9 de octubre de 2013

VISIÓN *

El jardín, sombreado con plantas y palmeras, era un lugar ameno. Nada hacía pensar que las dunas, a sólo unos metros, ocultaban la presencia del mar. Mi vida atravesaba por una etapa difícil y mi espíritu hallaba sosiego en ese lugar, tan alejado de cualquier interferencia mundana, que parecía hecho para el reposo y la meditación. Sentada ahí, mi mente vagaba en una especie de neblina y me dejé llevar por una sensación de ligereza. Al cabo de un rato, comenzaron a pasar frente a mis ojos pequeñas ráfagas. Al principio rápidas y fugaces y después más atrevidas, permanecían suspendidas por instantes delante de mi rostro, permitiéndome mirarlas con toda claridad. Había alguna cuyo cuerpo diminuto tenía un tinte color lila; otra color rosa, una más azul y otra más de color verde. Todas parecían traslúcidas e iridiscentes. Sus alas transparentes se agitaban sin ruido. Lo más extraño, es que yo veía todo como lo más natural. No me sorprendía en lo más mínimo. Disfrutaba de su cercanía y parecían jugar conmigo. Mi hermana, que llegaba  en ese momento, vio cómo hacía  ademanes en el aire y me preguntó qué pasaba. Ella no las veía aunque todavía estaban ahí. Le contesté que había mosquitos. Las criaturas se fueron así como llegaron. Increíble. ¡Acababa de tener contacto con las hadas! Fue la primera vez que las vi... Y también la última.

* Tal como Lina me lo contó.