martes, 17 de julio de 2012

EL MONJE



Lo había encontrado algunas veces por los caminos y varias otras en ciertas tabernas. Esa noche vestía una especie de hábito por demás indefinido. Sobre la mesa, junto a su damajuana de vino, tenía papel, tintero,  pluma y esta vez la compañía de alguna moza del mesón. Decidí, a riesgo de ser impertinente, abordarlo en busca de una buena conversación.
    -¡Muy buenas noches, señor! Soy Jean Baptiste du Capelle -me presenté cortésmente.
    -¡Buenas le sean caballero! contestó con gesto afable y con sonora nalgada despidió a la moza.
    -No sé si vos recordéis mi persona -le dije- pues mi camino y el vuestro se han cruzado varias veces y hemos comido y bebido quizá en la misma taberna.
    -¡Ah! Sí, sí, sí. Ya os recuerdo, aunque un poco vagamente. Mas creo recordar mejor vuestra cabalgadura. ¡Buena estampa la del zaino!
    -Es alazán -corregí.
    -Como siempre fue de noche... Pero sentaos amigo, que alazanes o zainos, al cuerpo cansan parejo.
    -Bien estará que nos sirvan otra damajuana llena -dije mientras me sentaba.
    -Y quizá algo de comida, que el vino es para pasarla -añadió sonriendo. Pedimos.
    -Perdonad mi atrevimiento, la curiosidad me vence. ¿Puedo saber qué escribís? -pregunté directamente.
    -¡Mh! ¿A qué viene ese interés? -preguntó el monje a su vez.
    -En un país de iletrados, el que escribe sabe de algo. O ¿para qué está el papel y la pluma y el tintero?
    -Para que vos preguntéis -contestó rápidamente.
    -Cuenta me doy que os funciona -le respondí de inmediato.

    Ambos reímos del juego y seguimos conversando. Nos trajeron de cenar y lució gran apetito, desde luego con el cargo a mi cuenta de viajero. Escurrió la damajuana y mirándome burlón, me dijo. 
    -Es tan solo un poema. Un poema a la vida, al juego y a los amores.
    -¿A los amores?
    -¡Sí pues! 
    -¿No sois vos acaso un monje?
    -Lo soy, mas no de clausura. La gente de por aquí dice que soy un goliardo -dijo y puso entre mis manos una hoja de papel. Leí las primeras líneas y esto me quedó grabado.
    "Meum est propositum in taberna mori".
    Me pareció congruente con la estampa y el carisma de mi interlocutor y el resto de aquel escrito no dejaba de ser bello. Ojalá alguien un día, encuentre y valore el texto y con una melodía lo vuelva hermosa canción.