Lo había encontrado algunas veces por los caminos y varias otras en ciertas tabernas. Esa noche vestía una especie de hábito por demás indefinido. Sobre la mesa, junto a su damajuana de vino, tenía papel, tintero, pluma y esta vez la compañía de alguna moza del mesón. Decidí, a riesgo de ser impertinente, abordarlo en busca de una buena conversación.
-¡Muy buenas noches, señor! Soy Jean Baptiste du Capelle -me presenté cortésmente.
-¡Buenas le sean caballero! contestó con gesto afable y con sonora nalgada despidió a la moza.
-No sé si vos recordéis mi persona -le dije- pues mi camino y el vuestro se han cruzado varias veces y hemos comido y bebido quizá en la misma taberna.
-¡Ah! Sí, sí, sí. Ya os recuerdo, aunque un poco vagamente. Mas creo recordar mejor vuestra cabalgadura. ¡Buena estampa la del zaino!
-Es alazán -corregí.
-Como siempre fue de noche... Pero sentaos amigo, que alazanes o zainos, al cuerpo cansan parejo.
-Bien estará que nos sirvan otra damajuana llena -dije mientras me sentaba.
-Y quizá algo de comida, que el vino es para pasarla -añadió sonriendo. Pedimos.
-Perdonad mi atrevimiento, la curiosidad me vence. ¿Puedo saber qué escribís? -pregunté directamente.
-¡Mh! ¿A qué viene ese interés? -preguntó el monje a su vez.
-En un país de iletrados, el que escribe sabe de algo. O ¿para qué está el papel y la pluma y el tintero?
-Para que vos preguntéis -contestó rápidamente.
-Cuenta me doy que os funciona -le respondí de inmediato.
Ambos reímos del juego y seguimos conversando. Nos trajeron de cenar y lució gran apetito, desde luego con el cargo a mi cuenta de viajero. Escurrió la damajuana y mirándome burlón, me dijo.
-Es tan solo un poema. Un poema a la vida, al juego y a los amores.
-¿A los amores?
-¡Sí pues!
-¿No sois vos acaso un monje?
-Lo soy, mas no de clausura. La gente de por aquí dice que soy un goliardo -dijo y puso entre mis manos una hoja de papel. Leí las primeras líneas y esto me quedó grabado.
"Meum est propositum in taberna mori".
Me pareció congruente con la estampa y el carisma de mi interlocutor y el resto de aquel escrito no dejaba de ser bello. Ojalá alguien un día, encuentre y valore el texto y con una melodía lo vuelva hermosa canción.
