martes, 18 de diciembre de 2012

MISIÓN

Se ofreció como voluntario para ese delicado trabajo. Debía presentarse antes de la hora pico en un conocido centro comercial donde la seguridad era primordial. Se esperaba una gran afluencia de público con un factor de riesgo más elevado que de costumbre: la presencia de una gran cantidad de niños debido a las ventas navideñas. No le resultó difícil comprometerse con esa misión pues estaba convencido de que nadie cumpliría ese cometido mejor que él. Sólo esperaba que nada le fuera a fallar.
     Era un tipo corpulento, de aspecto imponente. Sus compañeros del departamento de policía no hacían buenas migas con él debido a esa imagen. Esa tarde, sin embargo, era especial y requeriría de sus mejores recursos y habilidades. Tendría que trabajar solo. No podía esperar apoyo alguno y además, debía hacerlo encubierto.
     Oculto en el vestidor de una tienda, revisó su equipo y antes de salir se miró en el espejo. Todo bien. Llenó sus pulmones, exhaló, y como si fuera lo que hacía todos los días, se dirigió por los pasillos hasta el centro de la plaza. Sentía las miradas de todos puestas en él. Encontró el sitio donde debía ubicar su posición. Como lo esperaba, el lugar estaba repleto de niños. Llegó, tomó asiento, carraspeó un poco para limpiar su garganta y exclamó:
     -¡Ho, ho, ho! ¡Merry Christmas!