martes, 13 de diciembre de 2011

EL PORTÓN

A poco andar topé con un portal y me detuve. Era un lugar extraño. No hermoso pero tampoco feo. En una barda  elevada y tan larga que se perdía de vista en la niebla, aquel gran arco de piedra era la única abertura y carecía de reja. Me pregunté el porqué de un muro así con una entrada, ¿o salida? sin puerta alguna ni vigilantes que controlaran el acceso. Mis pasos crujían tímidamente en la gravilla al acercarme. Un vientecillo tibio y con olor de bosque me envolvió en un remolino de niebla cuando escuché una voz indefinida que parecía venir de todas partes.
         -¿Estás seguro?
         -¿Perdón?- respondí confundido- ¿Quién pregunta?
         -Yo.
         -¿Quién es yo?
         -Soy El Portón. 
         -¡Pero si no hay portón!- exclamé y tratando de recuperar mi lógica dije- y además... ¡Los portones no hablan!
         -Yo sí.
         -Está bien, si eres El Portón ¿por qué no te veo?
         -¡Vaya tonto! ¿Por qué crees? ¡Soy invisible!
         -¡Oh, vamos! ¡Muéstrate! ¿Dónde estás?
         -¡Frente a tus narices!
Extendí la mano con el temor de encontrar algo pero no había nada.
         -¡Aquí no hay nada!
         -¡Sí que lo hay! Además soy un portón de un solo sentido. Si cruzas no podrás volver. No lo hagas si no estás seguro.
         -Seguro...¿de qué?
         -¡Válgame contigo! Algo debe estar funcionando mal en alguna parte. El que llega aquí debe estar seguro, si no, no vendría ni mucho menos intentaría cruzar este umbral. Pero viéndolo bien tú no tienes la culpa. Quizá no debí preguntarte si estabas seguro. Sólo deseaba establecer comunicación y tal vez platicar un poco. Estoy harto de preguntar el santo y seña a todos los que llegan por aquí. Me lo dan y pasan sin más trámite.
         -¿Santo y seña? ¿Cuál santo y seña?- pregunté un tanto exasperado.
         -¡Ah! ¿No te dijeron cuál era tu santo y seña?
         -¿Quién me lo tenía que decir?
         -Alguien. Pero eso no tiene importancia. Si te lo hubieran dicho lo sabrías. ¡Es tan sencillo!
         -¡Pancho! ¡Pancho! ¿Cómo te sientes?- dijo una voz conocida.
         -¿Eh? ¡Ah...sí!... Creo que bien. Sí, me siento bien- dije mientras me incorporaba.
         -¡Qué bueno que siempre usas el casco! Tú ya la libraste pero de tu moto, no puedo decir lo mismo.

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