lunes, 6 de abril de 2009





LA BÚSQUEDA



Llevaba varias horas caminando sobre aquellas arenas que a cada paso se me metían como esmeril entre los dedos. Un vientecillo helado clavaba sus garras en mis costillas y agudizaba mi difícil situación mientras una luna casi llena me observaba esperando el momento de verme sucumbir.

Había caminado todo el día anterior y estaba muy lejos aún del oasis más cercano; mi ansiedad crecía a cada paso y finalmente, agotada mi resistencia, perdí toda esperanza de encontrar aunque fuese una palmera solitaria y finalmente me dejé vencer por la materia ahí, sobre la vil arena.

Espero me comprendan. Resistí hasta lo último y busqué afanoso en las cambiantes dunas pero lo cierto es que hay momentos de la vida en que no es fácil conservar la tradición para un perro del desierto.

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